Supervisión y límites: Implementar reglas claras sobre el uso de dispositivos y horarios puede ayudar a gestionar mejor el tiempo online y offline.
Ocio activo y saludable: Promover actividades como el deporte, la música o el arte ayuda a desarrollar intereses y habilidades fuera de las pantallas.
Comunicación familiar: Mantener un diálogo abierto sobre los peligros y beneficios de las tecnologías fomenta una relación de confianza y ayuda a prevenir abusos.
Desarrollo de habilidades sociales y autoestima: Fomentar la confianza en sí mismos y las habilidades sociales en entornos reales reduce la dependencia de la aprobación virtual.
Apoyo psicológico: Acceso a orientación o a terapia puede ser crucial para jóvenes que muestran signos de problemas relacionados con el uso excesivo de estas tecnologías.