La presión de grupo para probar y consumir. La influencia del entorno más próximo es una de las fuerzas más poderosas que pueden llevar a un adolescente a probar cannabis y otras drogas, buscando aceptación o temiendo el rechazo social.
Conflictos familiares. Los desafíos y la falta de armonía en el hogar pueden empujar a los jóvenes hacia el consumo de drogas como una forma de escape o para buscar consuelo ante la tensión emocional.
Asociar el consumo a momentos esporádicos de fiesta. La idea de que el uso de drogas es una parte normal de la diversión en fiestas puede trivializar sus riesgos y promover un patrón de consumo episódico pero dañino.
Banalización social de los riesgos de consumir cannabis. Las actitudes permisivas y la falta de información seria sobre los verdaderos riesgos del cannabis contribuyen a una percepción distorsionada de su impacto en la salud.
Fácil acceso a la compra de drogas a precios reducidos. La facilidad para obtener cannabis y otras drogas, junto con su bajo costo, facilita el inicio y mantenimiento del consumo entre los adolescentes.